sábado, 20 de noviembre de 2010

Henri Broch y la Zetética como el fino Arte de la Duda

Un investigador de los fenómenos anómalos en el que, a mi juicio, podríamos reconocer una actitud escéptica similar a la demostrada por Truzzi (véase esta entrada anterior) y que, de hecho, usa como emblema el término Zetética para calificar la labor que lleva a cabo, sería el francés Henri Broch.

Al igual que Truzzi, Henri Broch no cree en la existencia de los fenómenos paranormales. Pero, bajo mi punto de vista es no es relevante. Lo importante en estos temas no debería ser la credulidad o no en dichos fenómenos, sino la actitud crítica y metodológica que manifestemos ante los mismos.

Cualquiera que lleve metido en estas cuestiones un mínimo de tiempo, se habrá percatado de que en este mundillo muchos buscan experiencias, mientras que otros optamos por los experimentos. La diferencia entre uno y otro elemento es muy evidente:

o   La experiencia pertenece al universo de lo privado, de lo subjetivo, del conocimiento individual y no compartido.
o   El experimento pertenece al universo de lo público, de lo objetivo y genera conocimientos susceptibles de ser compartidos.

Con ello no le estoy quitando todo el valor a la experiencia. Ésta puede estar bien como un primer indicio de que estamos ante algo extraño o raro. Pero, luego, se debe dar paso al experimento que otorgue un valor más adecuado a lo vivido, así como revele su verdadero carácter extraordinario o no.



Henri Broch


Regresando a la figura de Henri Boch, podría decirse que este doctor en Ciencias y profesor universitario encarnaría a una persona absolutamente incrédula, pero que afronta la investigación de estos fenómenos mediante la experimentación. De hecho, a mi entender, argumenta y justifica su incredulidad a través de diferentes experimentos que él mismo ha realizado. No busca lealtades incondicionales a su manera de pensar, sino convencer presentando resultados experimentales que desde 1993 lleva realizando en el Laboratorio de Zetética de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Niza y que él mismo se encargó de fundar. Todo este comportamiento puede consultarse en la propia web del citado laboratorio así como en sus tres principales monografías: Fenómenos paranormales. Una reflexión crítica, Madrid: Editorial Crítica, 1987; Conviértase en brujo, conviértase en sabio, Barcelona: Editorial B, 2003  y Magos, gurús y sabios, Gedisa Mexicana, 2007.

Para entender más de cerca la manera en Broch aborda estos asuntos conviene leer una buena entrevista que le hicieron en la revista digital chilena TAUZERO. Veamos un primer extracto de su forma de pensar. Dice Henri Broch:

Cuando me preguntan por qué estoy en CONTRA de los fenómenos paranormales, yo respondo que ésa es una presentación muy abusiva y negativa de mi aproximación. La invierto entonces pues, de hecho, yo estoy POR una aproximación seria, POR el desarrollo del conocimiento, POR la difusión de la verdad… Es esta aproximación positiva de la pregunta la que, según mi opinión, permite interesar a los estudiantes y a un público más amplio. Podríamos resumir mi posición diciendo que es relativamente difícil explicar qué es la ciencia y es mucho más fácil mostrar lo que ella no es. Y los llamados fenómenos o experiencias de parasicología, espiritismo, hechicería, radiestesia, astrología y otros dominios paranormales son el soporte ideal para esta empresa, que permite compartirlo con el mayor número de personas.

En cuanto al empleo del término Zetética, Henri Broch parece coincidir con Truzzi en que “escéptico” es una palabra un tanto contaminada y adulterada en su verdadero significado. Para este investigador francés, Zetética sería un término poco conocido que permite evitar toda connotación negativa que otro término (conocido) caracterizaría la gestión científica que podemos realizar.

¿En qué consistiría para él la Zetética? En “El Arte de la Duda” afrontada con las armas del método científico:

No es suficiente entonces informar a los niños y jóvenes de hechos duros o de difundir un conjunto de conocimientos (…) Una de las tareas principales deber ser otorgarles la posibilidad de probar sus ideas, de evaluar hipótesis bajo una forma u otra, de apreciar argumentos en su justo valor; en resumen, de hacerlos adquirir o desarrollar un comportamiento objetivo e imparcial con respecto a la información recibida. (…)La ciencia moderna, por su complejidad, parece haberse vuelto casi incomprensible. (…)Ofrecer a cada persona las herramientas necesarias para una reflexión sobre lo paranormal permite una reflexión sobre lo que está en juego: las elecciones científicas y tecnológicas que marcarán necesariamente su futuro.

De este modo, la Zetética abogaría por el conocimiento no dogmático, sino probatorio a través de la experimentación. Y, a la vez, apostaría por el protagonismo de la duda inicial y su clarificación a través del método científico.

Podemos ilustrar este modo de proceder de Herni Broch a través del premio que lleva convocando desde 1987. El denominado “Desafío  Internacional Zetético”. Se trata de un llamamiento general para toda aquella persona que crea tener algún tipo de capacidad paranormal. Si el sujeto en cuestión consigue demostrar tal capacidad, recibirá 200.000 euros. Pues bien, entre 1987 y 2002 pasaron 264 personas por el laboratorio de Henri Broch. Sin duda, este premio es similar al ofrecido por James Randi en el CSICOP o al que hubo en su día en la Sociedad Española de Parapsicología, dotado ambos con fuertes sumas de dinero.

Pero, lo interesante del caso de Broch, al margen de los resultados negativos obtenidos hasta la actualidad, es la manera en la que plantea las pruebas a los presuntos dotados: resulta suficiente que la persona nos haga la demostración de su don en circunstancias claramente definidas desde un comienzo y de común acuerdo.

De estas sesiones experimentales, Broch ha sacado algunas conclusiones que juzgo de interés destacar:

El primer punto fuerte que se ha despejado de todos estos contactos que hemos tenido es que, en la gran mayoría de los casos, las personas que reivindican estos dones paranormales lo hacen de manera desinteresada y sobre todo creen sinceramente tener poderes que podrían demostrar fuera de los tests de prueba.

Nos hemos sorprendido de ver hasta qué punto estas personas no tienen la menor idea de lo que significa una prueba, un control doble o simple ciego, etc, o incluso simplemente poder controlar la existencia del fenómeno antes de lanzarse en dar grandes teorías explicativas.

Con estas personas, hemos establecido y guardado, salvo raras excepciones, un buen contacto con simpatía y las relaciones se han desarrollado en un ambiente francamente cordial y sin ningún prejuicio a priori.

Como vemos, Broch incluso cuando intenta verificar la naturaleza real o falsa de un fenómeno, hace pedagogía del pensamiento crítico. Busca un consenso con el presunto dotado de tal modo que, sin traicionar ni desvirtuar el poder aclaratorio del experimento en sí, sirva al propio investigado para transmitirle herramientas con las que analizarse a sí mismo críticamente. Desde luego, en ningún momento parece ridiculizar sus “poderes”, si no que intenta que el dotado tome distancia sobre sus propias facultades para que así pueda juzgarlas de una manera desapasionada y objetiva.

Toda metodología empleada, los experimentos y protocolos se pueden consultar en la página web del laboratorio y también la ha publicado en algunos de sus libros. Resulta, por lo tanto, una excelente vía de la que aprender metodología seria y fundada con la cual poder, luego, lanzarnos al estudio de estos fenómenos.

Para concluir ya, una última reflexión más muy personal. Este mundo popularmente denominado del misterio si tiene algún tipo de definición sería la de colocarnos a cada uno de nosotros ante las fronteras mismas de nuestros conocimientos. Pero:

o   Nuestros conocimientos, no son todos los conocimientos existentes. Seguramente, sobre muchas de nuestras creencias estamos mal informados. De ahí que siempre debamos mantener la capacidad de rectificar, de reconocer que estamos equivocados ante razones o evidencias más poderosas y de mejor calidad que las nuestras.
o   En segundo lugar, no hay que confundir lo extraño, lo raro con aquello que es normal pero poco frecuente. Hay situaciones, fenómenos o hechos poco comunes, pero que entran dentro de la “normalidad” y que no necesitan de ningún ser espiritual, extraterrestre o energía desconocida para intentar darles sentido.
o   Debemos ser muy competentes y auténticos peritos en conocer la “normalidad” de aquello que estudiamos. Saber los límites precisos de lo normal para tener claro dónde empieza lo anómalo o extraño de un suceso. Esto exige una formación profunda y académica, una gran dosis de espíritu crítico y verdaderos equipos interdisciplinarios.
o   Por último, nada de culto a la personalidad ni a la trayectoria de un investigador. Que hablen sus hechos y sus procedimientos. Considero que ninguno somos perfectos las 24 horas del día y, por el contrario, todo aquél que habitualmente comete errores, en ocasiones, también puede hacer algo digno de consideración.

¿Está reñida esta actitud escéptica con el misterio? Acudo a las palabras de Henri Broch para contestar esta pregunta y finalizar esta entrada:

Un buen investigador necesita información, herramientas e imaginación. En efecto, la racionalidad científica no impide en nada la libertad de pensar o soñar y la imaginación es incluso uno de los componentes fundamentales del ser humano y se encuentra en su lugar, ya sea en la ciencia o en otra parte. Es necesario simplemente vigilar de no confundir poesía, hipótesis de salón e hipótesis de trabajo; es por esto que yo me dedico a recordar sin descanso que el derecho a soñar tiene aparejado el deber de vigilancia.

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